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daisy martinez y ingrid hoffman: latinas en el miami arscht center

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Ella nos prometió que no cocina normalmente así, pero creenme , una mujer alta, atractiva en un vestido negro apretado, tacones y chaqueta de chef es algo muy, muy sexy, aun si eres heterosexual. ¡Este es cómo la diosa culinaria Daisy Martinez, del show  Daisy Cooks! del Food Network llego para cocinar el viernes pasado por la noche en el Centro de Adrienne Arscht de Miami. Ella fue acompaniada por la estrella local bien amada y carismática de Simply Delicioso, Ingrid Hoffman (casi una Rachael Ray latina.) Juntas ellas empezaron la Serie de Chef del centro (que incluye otros chefs importantes como Jacques Pepin, Emeril Lagasse y Anthony Bourdain).

El show era parte entrevista, parte hechando cuentos y, parte demostración culinaria.  Daisy e Ingrid (porque después de oír sobre las luchas de Ingrid con Lupus y el amor de Daisy para los martinis rápidamente expedimos a base de primer nombre) habló de sus propias familias multiculturales y viajes del raices humildes latinas a estrellas en el Food Network. Había mucha rememoración sobre las abuelitas y el papel influyente que  tenían en cada uno de estas mujeres.  Aunque yo no conoci mis abuelitas, yo tenía a mi querida nana colombiana, Yolanda, cuyo humor, sabiduria y secretos culinarios  me formaron tanto como sus abuelas a ellas. La atmósfera en el Centro de Arscht era tan acogedor que Daisy casi empezo a reprender aquellos quien informaron no saber lo que es aceite de annatto.  Ella tomó pausa y con cuidado explicó este secreto de la cocina latina: las semillas de annatto son filtradas en el aceite y usadas como un colorante y técnica de condimento para muchos platos latinos, como el camarón que ella preparaba esa noche.

Ingrid cocinó para nosotros primero, abrazando su mantra de la comida sana, utilizando un tallo de cilantro (un ingrediente favorito suyo) como su arreglo floral y exposición de su estilo rápido y simple con la preparación de camarón en un Chile poblano y salsa tomatillo, arroz de coco, y una ensalada de palmitos. Reflejando el mismo orgullo multicultural que compromete Miami, ella explicó este para ser un plato diversamente latino que usa ingredientes de México, Colombia y Argentina. Ella terminó de deslumbrar al auditorio con un martini de guayaba apetitoso hecho con  vodka de jalapeño-infundido. ¡Perdone el cliché, pero, caliente! Y ella hizo todos este en diez minutos.

Daisiy cocinó camarón también, pero tomó una ruta más tradicional con una interpretación sofrito clásica que añadio una sorpresa sirviendo este plato picante sabroso encima de una cachapa venezolana, una tortita de harina de maíz tradicionalmente comida con queso blanco fresco.

Había un par de problemitas para ella a lo largo del camino: ¡necesidad de maniobrar la estufa electrica  (“cocino con gas, que les puedo decir!” ella admitió) y una espátula el tamaño del juego de cocina de un niño en vez del verdadero trato de tirar su cachapas. Pero, estos obstáculos sólo sirvieron para realzar su estilo gracioso cuando ella descaradamente aró por ellos dando al auditorio muchas risas (sus ayudantes los nombro  Ninja #1 y Ninja #2) a lo largo del camino e igualmente importante, produciendo un plato delicioso por vista y olor, por lo menos, al final. Otra vez, como un mero miembro de auditorio, yo no era el retrete a la prueba, pero, estando en la fila #7 golpe al medio, consigui realmente el aroma y era embriagadoramente rico.

¿Más tarde, durante una sesión de preguntas, dos niñas con sombreros de chef se acercaron al micrófono para confesar que ellas no tenían una pregunta pero podrían recibir un abrazo en cambio? Tanto Daisy como Ingrid de buena gana obedecieron, dejando más que unos miembros de auditorio celosos sin duda.

Lorena Garcia, la chef venezolana y anfitrióna del show de cocina de Despierta América en Univisión, era la única alma afortunada capaz de probar la comida exquisita preparado por estas dos señoras talentosas. Lorena aparecería por instinto en la etapa final cuando tanto Ingrid como Daisy terminaban y su entusiasmo probando la comida da testimonio de lo que mi sentido del olor dijo: ¡excelente!

Este no era sólo una tarde llena de risas, conversación agradable, y aromas intoxicantes. Era lo que hace Miami mi casa y por qué: la conversión de culturas que se enmohecen tan fácilmente que un auditorio entero es capaz de incluir español e inglés en un momento culinario y no darse cuenta que lo han  hecho así. Supongo que la manera en que me crie me hace asi: nacida en Venezuela por una madre americana y un padre israelita, todo el rato meticulosamente nutrido por mi nana colombiana, me dio los sabores a muchos mundos. Éstos son sabores que me han formado, me han alimentado, y me han propulsado por mi vida. La vista de estas mujeres que comparten gustos similares a un auditorio lleno de gente impaciente con saborear y vivir y aprender lo que es la comida multicultural latina me hizo sentir una parte de algo más grande y más sabroso.

caprese culpable: las Naciones Unidas de sabor

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Tengo una confesión para hacer. ¿No estoy segura que esto es lo apropiado para hacer, este siendo un sitio de alta calidad [ja ja] con seguidores de alimento de alta calidad (correcto?) pero sin embargo, quisiera ser honesta con mis lectores y así que aqui va: voy a Costco para hacer compras. A veces. Raramente. Pero a veces. En ocasiones tal vez más que debería. Pero voy. Ahora, a mi defensa recorduerden que vivo en el sur de Florida: Plantación para ser exacto, que no es necesariamente un mecca de mercados de comida y tal. Esto no es Santa Mónica (California) o París, ambos con mercados asombrosos. Cuando fui al Simposio para Escritores de Alimento Profesionales en el Greenbrier el abril pasado, conoci a Amelia Saltsman, el autor del Libro de cocina de Mercado del Agricultor de Santa Mónica y yo estaba lista para esconderme en su maleta y dirigirme a casa con ella. Lamentablemente, la cosa más cercana a un mercado para mí es Florida City (un viaje dificultoso de hora y media. Conduciendo tal distancia para mis productos no haría mucho sentido ecológico, considerando la minivan y gasoline que consume. Pero con palabras nuevas como la comida orgánica, sostenible, y slow food revolution hasta la conciencia del comedor americano, mi confesión de Costco no es una cosa buena.

Alguna gente culinaria estaría de acuerdo con ello, hasta provechoso. La famosa Rachael Ray consulta en como hacer la compra en tiendas de depósito menos desalentadora. Del otro lado, Oprah, nos anima a hacer compras en nuestros mercados locales. Pero seriamente, hay algo sobre el tamaño del lugar que me hipnotiza (allí yo yendo siendo políticamente incorrecta otra vez). Ahora, no crecí en este país. Como la mayor parte de ustedes saben, me crie en Venezuela, donde, si querias pan, irias al panaderia, carne: carniceria y fruta, fruteria. Ahora éstos estan situados en la vecindad acogedora de Chacao, un laberinto de calles en Caracas llenós de peatones, negocios y coches. Esto era un paseo de cinco minutos de mi casa, y lo haría por lo general con mi nana, Yoli, y nuestra cesta de hierro con ruedas importada de España. Era una tarde de hablar con los vecinos, probar muestras de papaya, y comprar algún pan dulce inesperado simplemente porque se acababa de salir del horno y su aroma exigia la compra.

Ahora les compadezco que sienten lastima por mí. Plantation es un lugar encantador. Sereno y verde. Pero nadie anda caminando aquí. Nadie. Esto está la zona de coche aquí, si le gusta esto o no. En primer lugar, es tan caliente la mayor parte del tiempo (estamos a mediados de octubre y son 96 grados afuera). A la gente le gusta andar sellada en sus coches, con el aire a lo maximo, la música ful chola, cerrada del mundo, entradando y saliendo de su universo herméticamente sellado vía el garaje.

Esto dicho, usted puede imaginar que la situación de un Mercado al aire libre no es óptima. Los supermercados abundan, y los visito con regularidad. Y claro, hay Costco. Ahora no soy fan de los depósitos en general, pero cuando ellos están llenos del comida, no puedo contenerme. Y al entrar me saludan montañas de cajas vacías (qué los compradores usan para poner sus bienes comprados (oye, al menos ningunas bolsas de plástico, esto está bien, correcto?)) siento culpa de la diversidad de origen que se nota en las cajas: uvas de Brasil, aguacates de México, espárrago de Perú. Una vez visto orgullosamente como las Naciones Unidas del alimento, esta materia es juzgada mal, mal, mal en la edad de locavore, y yo debería saber y hacer mejor como una musa de cocina. Yo debería. Salvo que la comida aqui es encantadora. Grande y rechoncho y maravillosamente encantador y esto no es sólo la iluminación del lugar, prometo, esto es la materia actual.

Soy una persona buena, lo soy. Y si yo viviera en algún sitio donde yo podría conseguir mucha comida cultivada local, yo sería primera en la línea (en mi bicicleta). Pero ando geográficamente desafiada, y entonces vengo aquí de vez en cuando y me vuelvo loca comprando. Este no es fácil para mí sabes, y no hablo sólo de empujar el carrito talla jumbo y maniobrar por las ondas de clients de Costco. La experiencia entera está llena del conflicto cuando recuerdo mis días de compra en Venezuela y los comparo a lo que he terminado por hacer ahora. Esto es un sentido de fracaso de clases, un resignado “este es lo que pasa cuando terminas en la suburbia gringa” trozo de compasión, hasta que yo vea a la abuelita agradable en la esquina regalando muestras de atun ahumado y brinco con un “ooh” grande y agarraro cinco galletas de muestras. Ella me da una mirada sucia (el protocolo apropiado asume que sólo se supone que tome una galleta.)

Me encuentro con los tomates y ellos parecen. Esto es todavía octubre, tal vez puedo convencerme esto es una cosecha del verano último y así puedo comerlos con consiencia clara. Sé que este no es verdadero pero amo tomates tanto. Compruebo la etiqueta para ver de donde han venido: Canadá. ¿Lo suficiente cerca, no? ¿Parecemos hermanos con Canada, no? Hago una nota mental para moverme a California con Amelia y agarraro el paquete. Cuando maniobro alrededor de los quesos no puedo resistir la tina gigantesca de la mozzarella, importada directamente de Italia. Ah, mozarrrella italiano. ¡Me piace! ¿Cómo puede uno decir no? He conseguido ya la comida perfecta en mente: insalata caprese. Usaré mi aceite de oliva portugués, un poco de la Sal la Guayaba Kauai fabulosa de mi amigo Mark Bitterman de su tienda encantadora, The Meadow y luego lo encabezaré lejos con mi propia albahaca cultivada de casa, nacida en los EE. UU. Sí, esto sería una comida de las Naciones Unidas en mi casa (con nuestro propio representativo presente), y de alguna manera la culpa comenzó a aliviar cuando lo vi más como una celebración de sabores de todas las esquinas del mundo que termina en mi casa para un final grande, feliz y sabroso.

ensalada de pollo con labneh: las dificultades de ser madre

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Cuándo uno gasta tres horas el por la noche en la sala de emergencia pediátrico porque su hijo desarrolla ojos similares a Rocky Balboa en la ronda numero 8 usted sabe que le va tocar una noche interminable. Los ojos, que crecieron como montañas rojas grandes, exigieron un desvío a partir de una tarde de familia pacífica en casa a uno lleno de enfermeras y mucho papelero de hospital.

La aventura de sala de emergencia duró tres horas, y terminó con un diagnóstico de una reacción extrema a conjuntivitis (porque una reacción normal era demasiado aburrida, asumo), y el sobresueldo añadido de una infección de oído también (“Ah sí, mamá, no puedo oír de aquel oído”, habría sido una cosa práctica de saber anteriormente). ¿Y luego, las altas horas restantes de la noche fueron gastadas sosteniendo a este chiquito de siete años que gritó y se retorció en el dolor horrible (¿qué debe una madre hacer con tal dolor?) y tu le dices que él estará bien, el medicamento empezara a resolver su dolor en cualquier instante – y quieres ofrecer el amor y la fuerza llena de confianza y aseguramiento porque eres La Madre (y La Madre sabe mejor, verdad?) pero él no le permite el dolor a ser sostenido, él no puede estar contenido por su dolor que lo ha devorado de repente y vorazmente aquel cuerpecito y tu te rompes por dentro viendolo sufrirmira hasta que caiga en el sueño indulgente de modo que podras soltar aquel aliento que has estado aguantando todo el día; con cuidado exhalando no para interrumpir la red delicadamente tejida de su bienestar en este punto.

Te sientes increíblemente inutil pero no lo eres. La medicina ha empezado a funcionar, el cansancio permitio que entrara su sueño dejandolo con puños diminutos apretados y un niño durmiente, su jadear inquieto el único remanente del dolor que lo invadió hace sólo minutos. Un sentido de alivio comienza a absorberte junto con el hambre: hambre violenta, indiscreta, porque realizas en todo este tiempo no has comido una cosa ni hasta un vaso de agua.

El apetito es fuerte y enojado y no toma su abandono bien. Necesitas algo que te llene y que sea rico y cremoso, dulce y sabroso con un crujido también; algo para contratar todos los sentidos y distraerte de la noche que ha dejado un sello tan agitado sobre ti. Arrastras los pies al refrigerador en la oscuridad dela noche y con asombro entre bolsas de naranjas, cajones de huevos y la jarra fiel de la mayonesa, te espera una deliciosa Ensalada de Pollo Labneh Cremosa para una cita de medianoche. Es dulce, sabroso, y crujiente y es tuyo para esta noche.

Una sonrisa sustituye la ceja arrugada que ha sido tu uniforme toda la tarde. Y aunque esto sea la medianoche y estás cansada más allá de palabras buscas una cuchara y agarras aquel tazón entero de la delicia cremosa, sintiendo el sabor inolvidable del Labneh, la dulzura de las pasas de oro y uvas y el crujido firme del celery y, egoístamente y silenciosamente, comes por el alumbro de la nevera.

Comes y ya sabes que las cosas serán mejores mañana.